
El Belén del oro, del incienso, y de la mirra, reclamaba algo más escatológico; algo que pusiera convenientemente en su sitio las cosas. Por eso el caganer me parece una gloriosa contribución catalana a la simbología cristiano-navideña. Y sea de modo consciente o no, impulsados por alguna intención clara o sólo de las meras ganas de jugar, la cosa del caganer cada año tiene nuevas manifestaciones.